la vuelta al término

12-06-2015

Normalmente la vida carece de mucho sentido, pero hay veces, cuando no existen opciones reales, cuando las fuerzas empiezan a flaquear, cuando las expectativas ya fueron acomodadas y todos los cartuchos quemados; que uno se descubre a sí mismo como un ratón en la rueda, viviendo por inercia, dejando escapar el tiempo.

En 1996 vinieron dos chinos a casa, mi padre me contó que su jefe les había invitado a venir unos cuantos días y que él debía enseñarles cómo trabajaban en la fábrica y, de paso, algo de nuestra gastronomía y nuestras costumbres…
Veinte años después más del 68,9% de la industria española se ha trasladado al Centro y Este de Europa y Asia (China en particular)* donde los costes de producción son menores.

¿Cómo se siente una persona acostumbrada a trabajar once horas al día cuando es metido en el saco de la “tercera edad” antes de tiempo? ¿A qué dedica todo su tiempo libre alguien que siempre lo tuvo escaso?

El corazón de mi padre está empezando a fallar.

La vuelta al término relata una peregrinación solitaria sin pretensión de llegar a ningún lugar, ni siquiera de explorar lo desconocido. Sin embargo se convierte en el viaje interior de un ser que de forma instintiva sale a andar con su pesada carga, no para encontrar ni encontrarse sino para deshacerse de sí mismo, de sus estrechos envoltorios agobiantes, de su vida real.

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